Gloria Trevi y Jacqie Rivera llenan el Auditorio Nacional con la emotiva celebración de la vida y la música de Jenni Rivera. Más de 10 mil fans se reunieron para vivir un día inolvidable con la leyenda de la música mexicana. En medio de un show lleno de euforia y emoción, Gloria Trevi rindió un homenaje a Jenni Rivera y a sus admiradores con un recuento de los temas más emblemáticos de su carrera.
La celebración comenzó con Gloria Trevi entrando al escenario, portando una imagen de la Virgen de Guadalupe en el pecho, y cantando su versión de “Zapatos viejos”. La audiencia se levantó de inmediato, sumergida en una atmósfera de alegría y euforia. A lo largo de la noche, Gloria Trevi desplegó una serie de canciones atrevidas y polémicas, como “La papa sin catsup” y “Vestida de azúcar”, que contagiaron su energía y espíritu a la audiencia.
Entre los temas, Gloria Trevi dedicó “Me siento tan sola” a todas las madres presentes, compartiendo su experiencia de maternidad y la fuerza que le da a sus hijos. A continuación, presentó a Jacqie Rivera, hija de Jenni Rivera, para un emotivo homenaje al legado de la “Gran Señora”. La colaboración entre las dos artistas llegó al punto de que las emociones se desbordaron en ambos, especialmente en Jacqie Rivera, a quien Gloria Trevi ayudó a encontrar su voz y compartir su amor a la música y a su madre.
El recuento de los daños, uno de los temas más emblemáticos de Gloria Trevi, se convirtió en un canto a capela compartido por toda la audiencia, que demostró su conocimiento y adoración hacia la música de Jenni Rivera. Finalmente, Gloria Trevi completó la celebración presentando un mariachi que interpretó “El son de la negra”, un tema lleno de orgullo patrio y pasión.
La noche se convirtió en un testimonio de la música como fuerza unificadora y de la capacidad del arte para trascender fronteras y emociones. Para Gloria Trevi y Jacqie Rivera, fue un honor y un placer compartir esta celebración con los fans de Jenni Rivera, y dejar que su música continúe viviendo en cada corazón. La noche quedó marcada por la emoción, el respeto y el amor que se desplegó en cada rincón del Auditorio Nacional.
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